Salud

Medidas extremas

La baja estatura ha sido durante mucho tiempo objeto de chistes, pero para muchos jóvenes se ha convertido en una fuente de angustia existencial que ha llevado a algunos a buscar soluciones quirúrgicas. ¿Vale la pena sufrir por unos centímetros de más?

31 marzo, 2026

Cuando Mario despertó de la anestesia, el dolor no se parecía a nada que hubiera experimentado antes.

“No puedes entenderlo hasta que pasas por ello”, dice. “Imagínate que te despiertas y llevas ocho horas con una piedra en la pierna. Te la quitas y te sientes aliviado. Era más o menos así, pero no había alivio en ninguna posición”. Mario, de 28 años, acababa de someterse en el Instituto Guichet de Milán a una operación de alargamiento bifemoral, una intervención de cinco horas para hacerlo 10 cm más alto. El cirujano Jean-Mare Guichet y su equipo hicieron una pequeña incisión en cada muslo, introdujeron una sierra circular en el hueso, cortaron los fémures y los separaron. Se introdujeron clavos mecánicos, conocidos como “fijadores internos” (varillas que se extienden como gatos de coche y pueden soportar todo el peso del cuerpo), a lo largo del canal medular del hueso (el que contiene la médula ósea) y se fijaron con tornillos. Las piernas se cosieron y ya eran un centímetro más largas que en la mañana de ese mismo día. Entonces empezó el proceso de alargamiento, una fase difícil y delicada.

Mediante un giro especial de la pierna y esperando un discreto “clic”, Mario podía extender los fijadores internos una fracción de milímetro cada vez. Con tres o cuatro horas diarias de ejercicios de estiramiento, los huesos en proceso de cicatrización crecían gradualmente unos hacia otros, lo que le permitía aumentar aproximadamente 1 milímetro su estatura

siempre que mantuviera su riguroso régimen de ejercicios. Con persistencia –y tolerancia al dolor– podían formarse 10 cm de hueso nuevo en cuatro a seis meses. Guichet le había mencionado con todo detalle los riesgos y las molestias. Pero, según Mario, “no hay forma de explicarlo lo suficiente. Había otros pacientes que gritaban en la fase posoperatoria. Supe de otros que pretendían ganar 7 u 8 cm –habían pagado todos los gastos por adelantado– y se pararon en 3 cm. Era solo cuestión de aguantar y lo dejaron todo”.

Mario, en cambio, se mantuvo firme. Ya había decidido ir por el máximo. “Si el clavo hubiera medido 11 cm, habría llegado a los 11”.

Lucha con los prejuicios

Cuando el cirujano ortopédico Gavril Ilizarov se convirtió en pionero en las técnicas de alargamiento de extremidades en la URSS en los años 50, su intención era ayudar a los niños deformes y salvar extremidades que de otro modo habrían sido amputadas tras sufrir accidentes. Pero el problema de Mario era simplemente que era bajito. Con 166 cm, estaba unos 10 cm por debajo de la media europea. En términos de hombres famosos, en algún lugar entre “fracasados” tan notables como Al Pacino (167 cm) y Kendrick Lamar (165 cm). La baja estatura se ha considerado durante mucho tiempo una afección ligeramente cómica. Al igual que la calvicie, es objeto de broma, pero para un número creciente de hombres se ha convertido en un motivo de crisis existencial. Aunque no faltan las historias de éxito de hombres bajitos (para los estándares de EEUU, Stanley Tucci, de 172 cm, por ejemplo; Mark Ruffalo de 173 cm y Barry Keoghan, también de 173 cm), la estatura sigue siendo un atributo del éxito.

El cómico Jaboukie Young-White acuñó el término “Short King” (rey bajito) en 2018 en una apasionada defensa de los hombres de menos de 180 cm. “Bajito es Donald Glover, bajito es Bruno Mars”, tuiteó. El post se hizo viral: “Los hombres de más de 1.80 no tienen personalidad. Los reyes bajitos son siempre los más graciosos”. Pero ese punto álgido de la positividad corporal masculina parece cada vez más lejano. Hoy en día, el prejuicio contra la baja estatura no solo es generalizado, sino que hay un amplio consenso en que está empeorando. Una encuesta realizada en 2023 por la aplicación de citas Bumble reveló que el 60% de las mujeres descartaban a los hombres de menos de 183 cm. Solo el 15% dijeron que considerarían salir con alguien de 1.70 m o menos. Cuando le conté a una amiga que estaba escribiendo sobre la estatura masculina, me dijo: “Pregúntales por qué siempre mienten sobre su estatura en las aplicaciones de citas”, lo que en cierto modo demuestra lo que quiero decir.

Pero el prejuicio contra los bajitos también se infiltra en la vida profesional. Un estudio de 2016 en The British Medical Journal descubrió que los hombres más bajos experimentaban resultados significativamente peores en educación, ingresos y situación laboral. “Las personas más altas, especialmente los hombres”, escribieron los autores, “tienen ventaja”.

Entre los hombres de baja estatura que se conectan a internet es común la opinión de que medir 1.80 m es vivir la vida en el escenario fácil. “La vida de un hombre bajo es un infierno”, me dice un tal Malik, quien mide 1.75 cm, es decir, una estatura media, aunque él se considera bajo, ya que la mayoría de sus amigos y familiares miden 180 cm. “La apariencia lo es todo. La vida es mejor si eres alto, y no lo digo por decir: los estudios lo confirman”. “Las redes sociales han hecho que la vida sea cada vez más dura”, añade Tom, que también se considera bajito. “Mires donde mires, los hombres bajitos son menospreciados a través de chistes, memes y vídeos virales”.

Una tarea difícil

Los prejuicios basados en la estatura llevan a lugares bastante confusos. La escritora Pravina Rudra afirma que se trata del último prejuicio aceptable entre mujeres, algunas de las cuales creen que sentirse atraídas por hombres altos es un “impulso primitivo”. “Otro razonamiento evolutivo también primitivo concluye que las mujeres están hechas para tener hijos y los hombres para engañar a sus parejas*, señala, subrayando al mismo tiempo el no demasiado sutil prejuicio racial que a menudo se esconde tras la obsesión por los 1.80 m. Por ejemplo, los hombres blancos europeos tienden a ser más altos de media que los asiáticos, pero nadie pondría “no asiáticos” en su perfil de citas.

Vale la pena subrayar que todos los hombres mayores bajitos con los que que hablado dicen que su estatura ya no es un problema para ellos, y también hay muchas mujeres que comparten el amor por parejas más bajas: “Estoy casada con un hombre de 1.70 m y su estatura fue difícil de superar al principio”, dice una amiga. “Luego, me di cuenta de lo tonta que era. Su fuerza y su sentido del humor se debían a las dificultades que había tenido al ser ignorado de adulto y acosado en la escuela”. Sin embargo, estos ejemplos del mundo real no suelen impactar la realidad online. En los foros de Reddit, los miembros comparten capturas de pantalla que demuestran lo cruel que puede ser el mundo y encuentran solidaridad en el victimismo. A menudo, los comentarios desembocan en una misoginia descarada.

Muchos jóvenes se quejan de que no solo han sido rechazados por algo sobre lo que no tienen control, sino que si se quejan de ello les dicen que tienen el “síndrome del hombre bajito” o que son “incels”. “¿Por qué a los hombres no se les permite ser poco atractivos sin que haya algún tipo de juicio moral?”, se queja uno. Otro: “La cruda realidad es que no importas tanto. A nadie le importan tus opiniones, personalidad, habilidades, puntos fuertes, etc. A mis 28 años, siempre me he sentido como un fantasma”.

Algoritmos fatales

Recurro a Mike Nicholson, un antiguo profesor que ahora dirige Progressive Masculinity, una organización que intenta promover conversaciones más sanas en torno a la masculinidad. Dirige talleres con adolescentes y a menudo les pregunta a qué presiones ocultas se enfrentan. “Siempre sale el tema de la altura”, dice. “Existe la creencia de que hay que medir 1.80 a 1.90 para que te respeten”. El deseo de medir más de 1.80 es el deseo de ser excepcional. Pero, según Nicholson, esto se correlaciona con la llamada regla 80/20, que se hizo famosa por el drama de Netflix Adolescence. La idea es que el 80% de las mujeres se sienten atraídas por el 20% de los hombres, por lo que si no estás en ese 20% superior es mejor que te rindas. “Está relacionada con la idea de ser un macho alfa grande y poderoso. Es una tontería, porque en el mundo real, esa imagen es obviamente falsa. Pero para los adolescentes marginados puede ser una retórica muy poderosa”.

“Estas ansiedades corporales masculinas siempre han existido”, afirma Nicholson. Sin embargo, cree que se han vuelto más generalizadas, en gran parte gracias a las empresas tecnológicas que difunden contenidos nocivos entre los adolescentes. “No son plataformas neutrales”, afirma. “Los algoritmos se centran en los jóvenes vulnerables. Les dan contenidos que se aprovechan de la inseguridad”. Y tres avances tecnológicos en particular han cambiado drásticamente el panorama en una generación. Uno es la disponibilidad de porno online, que ha deformado la idea que toda una generación tiene del sexo, implantando específicamente la idea de que ese es el tipo de sexo que todos los tipos de 1.90 están teniendo mientras tú estás sentado en tu habitación. Otra es la omnipresencia de las redes sociales, un concurso de popularidad visual organizado por algunas de las empresas más ricas del planeta. Y otra son las citas a través de aplicaciones, que obligan a todo el mundo a juzgarse mutuamente por unas pocas fotos e indicaciones, reduciendo aún más la complejidad de las relaciones humanas.

Y la estatura no es más que la métrica más obvia para juzgar a un hombre. Pero lo que subyace a todo esto, explica Nicholson, es la sensación de que nadie se preocupa realmente por los hombres jóvenes. “Hay frustraciones más amplias entre los varones jóvenes, que se sienten invisibles, ignorados y marginados. La altura es solo un aspecto, pero estos sentimientos de rechazo están presentes en muchos ámbitos”. Cuando los hombres bajos se ponen a la defensiva o recurren a soluciones drásticas –como la operación de Mario– es fácil caricaturizarlos. Pero esto no tiene nada que ver con el fondo de la cuestión. Para muchos, la estatura se convierte en un sustituto de algo más: pesimismo económico, rechazo romántico, pérdida de confianza…

Oportunidad de crecer

Cuando le pregunto a Mario qué le empujó a operarse, me habla de sentirse a la deriva. “La vida de los jóvenes de hoy es difícil”, dice. “Tengo un máster en ciencia de datos. Me costó mucho esfuerzo, pero tengo que afrontar el hecho de que mi formación solo me dará un salario muy bajo y un puesto temporal. Así es la vida de una persona normal de mi edad. Cada vez hay más competencia”. No se hacía ilusiones de que la operación de alargamiento de piernas mejorará mágicamente sus perspectivas profesionales, pero quizá lo hará feliz. “No resolverá todos mis problemas, pero podría ayudarme”.

Se suponía que la estatura es el único aspecto de la apariencia que no se puede cambiar. Pero ahora, siempre que se tengan a la mano unos 50,000 euros, la libertad de ausentarse del trabajo entre seis y 12 meses, y se esté dispuesto a cuatro dolorosas sesiones diarias de estiramientos, es posible. “Es como un segundo trabajo”, explica Axel Becker, que realiza dos o tres intervenciones a la semana en su clínica de Friburgo. “Y duele muchísimo”.

El doctor Becker dice que el 90% de sus pacientes varones optan por alargar el fémur en lugar de la tibia: el fémur se recupera antes, conlleva menos complicaciones y tiene un aspecto más natural. Un alargamiento completo y proporcional –añadir 8 cm a los fémures y otros 6 cm a las tibias– puede tomar hasta tres años. Y hay que tener en cuenta la “proporción de envergadura”: “Si tus brazos son demasiado cortos para tu estatura, parecerás una rana”. También hay complicaciones. En un estudio* de 1994 sobre 53 intervenciones con fijadores externos tipo jaula, se registraron 146 problemas, como infecciones, refracturas y desviaciones importantes. Es decir, casi tres complicaciones por intervención. Pero en siete años este campo ha sufrido una revolución gracias al uso de fijadores internos (el tipo de clavo mecánico que Mario tiene insertado), que se extienden de forma electrónica, magnética o mediante un giro especial. Los clavos soportan todo el peso, lo que significa que el paciente puede caminar tras la operación. “Esto ha cambiado las reglas del juego”, afirma el doctor Becker. Antes, todo el mundo estaba postrado en una cama o en una silla de ruedas mientras duraban las intervenciones. Ahora mantienes el músculo tonificado, puedes estirarte y reduces el riesgo de coágulos sanguíneos”.

Los fijadores internos tampoco están exentos de riesgos. El doctor Becker me muestra imágenes de clavos electrónicos corroídos por fluidos corporales (por eso utiliza los mecánicos). Un estudio de 2020* encontró complicaciones en una de cada cuatro intervenciones con fijadores internos. Los pacientes han compartido historias de terror de clavos que se rompen a través de los fémures, y complicaciones de por vida. Sin embargo, muchos hombres están tan desesperados por someterse a la intervención que intentan ahorrar dinero dirigiéndose a Turquía o la India, donde aún se utilizan los fijadores externos. “Pagan menos, pero hay un riesgo mayor de infección, con inmovilidad y atrofia muscular,” afirma el doctor Becker.

Becker quiere que sus clientes estén bien informados de lo que les espera. “Es doloroso, molesto y agotador. Pero al final cambia la vida. Nadie quiere devolver ni un milímetro”, dice. Leo, otro paciente, describe su recuperación en términos eufóricos. “Hice el alargamiento con otras personas. La mayoría se quejaban del dolor, no podían dormir, les costaba hacer ejercicio. ¿Y yo? Nada. Todos los días me miraba en el espejo y era 1 mm más alto. Fue increíble. Lo más difícil fue no tener relaciones sexuales durante tres meses”.

Creció 10 cm en tres meses, de 171 cm a 181 cm. “Me gustaría repetirlo con las tibias”, dice. “Estoy un poco sorprendido. Ahora mi vida es perfecta”, dice. “Pero el problema ahora es que mis fémures son demasiado largos en comparación con mis tibias, así que si pudiera añadir 4 cm a mis tibias, estoy 100% seguro de que mi vida sería mejor”. Aun así, me pide que no revele su verdadero nombre. Sus padres, varios amigos y sus clientes aún no saben lo que ha hecho. Eso indica que todavía existe cierta vergüenza asociada a la altura. No veo motivo para juzgar a estos hombres por intentar hacer algo para mejorar sus oportunidades en la vida. Pero una solución menos drástica sería que aprendiéramos a apreciar a los hombres de todas las tallas por lo que realmente son, y no por un número arbitrario.

*FUENTES: ACTA ORTHOPAEDICA SCANDINAVICA; ACTA ORTHOPAEDICA

Las expectativas

A pesar de lo que podrían hacerte creer las redes, hay muchos hombres que están debajo de 1.80 m de estatura y tienen mucho éxito.

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